Una noche con una Escort en Gibraltar

No vale la pena hablar las razones por las cuales yo estaba en Gibraltar ni con quien me encontraba. Lo que vale la pena explicar es que, de una u otra razón, ya sabía que aquel viaje no sería para nada entretenido, y como soy un hombre precavido, me había preparado. Temprano me había encontrado con una Escort en Gibraltar, con quien había acordado pasar el fin de semana. Y aunque el día pintaba ser aburrido, junto a ella no lo fue. Pero lo mejor llegó durante la noche.

Una noche con una Escort en Gibraltar

Afuera hacía calor. La noche oscura, rodeados del mar salado, generaba algo en los cuerpos que era inexplicable. El mar produce un erotismo tremendo, que calienta la carne y hace a los músculos temblar, quizás por sus olores, quizás por su voluptuosidad, ya que es incontrolable. Esto no siempre es así en las cosas o islas que son frías. Solo en aquellos lugares calientes y ardientes, porque como todo alrededor es tan voluptuoso y ardiente, es difícil no sentirse así.

Puedo notar como la Escort en Gibraltar, una rubia increíble, también se siente de esa forma. Su boca entreabierta invita acercarme a ella y sus ojos que miran de arriba a abajo parecen darme la señal de que es tiempo de darnos eso que hemos estado esperando todo el día.

Nos encontramos en la habitación del hotel, en un piso alto, con una gran ventana que da hacia el mar, que podemos ver desde aquí. Con la ventana abierta para que el aire marino nos embriague, nos vamos acercando poco a poco. Ella bebe de una copa de champán, y cuando la beso, su boca no solo me deja saborear su saliva, sino también la bebida deliciosa.

Me da un trago y la vuelvo a besar, su boca es cálida y su aliento me trae el mismo olor que el mar.

Me besa el cuello con deleite, y me deja caer un poco del líquido sobre el cuello y lo lame, haciendo que se ericen todos y cada uno de los vellos de mi cuerpo.

Después de la noche viene el amanecer

Cuando me doy cuenta, estoy completamente desnudo. Ya no me besa en el cuello, sino en el tronco duro que tengo en la entrepierna. De rodillas frente a mí, pareciera que me está adorando. Deja caer un poco del champán sobre mi erección y lo bebe con fruición. Bebe también de mí.

Su boca se siente suave, pero sus manos también lo son. Me masturba tal y como me gusta, con sus dos manos, primero con la izquierda y luego con la derecha.

Lo aprieta, con suavidad, y sabe mantener el ritmo. Tanto que, al sentirme latir con fuerza, sigue y sigue con su mano derecha. Sigue y sigue, y lo lubrica chupándolo. Sigue, sigue, y entonces, como si supiera el momento exacto en que ocurre, abre la boca y me recibe…

Va al baño y se limpia, yo la acompaño. Nos besamos al salir; el viento sopla y el aire marino, que es embriagador, vuelve a encendernos la cabeza, esta vez, hay que ir más allá.

Después de la noche viene el amanecer. Pero esta noche con una Escort en Gibraltar apenas está empezando.

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