Disfrutando con una Escort en Málaga

—Déjame llevarte a donde nunca nadie te ha llevado —le dice ella. En una habitación de hotel, dentro de un jacuzzi, la Escort en Málaga está sentada detrás de él y le acaricia el pecho, le besa el cuello.

El hombre, de pelo negro y corto, cierra los ojos y se deja llevar por el momento.

Tiene un montón de preocupaciones: el trabajo, la familia, mogollón de cosas. Sin embargo, al despojarse de la ropa y sumergirse en el jacuzzi con la chica, una rubia increíble, pareciera que sus problemas se esfumaran.

Disfrutando con una Escort en Málaga

Son solo un par de horas el tiempo que permanecerán juntos, pero es más que suficiente. No es la primera vez que el hombre contacta a esta Escort en Málaga. De hecho, se podría decir que son viejos conocidos. Ella sabe que se trata de un hombre ocupado, que solo quiere olvidarse de la vida que tiene allá afuera, al otro lado de las cuatro paredes del cuarto de hotel. Por eso, hace todo lo que está en su poder para hacer que él se olvide que en verdad existe vida allá afuera. Y, a juzgar por la forma en que lo toca, que lo acaricia, que lo besa, se puede decir que él poco a poco comienza a olvidar todo lo demás.

Ella se inclina un poco hacia adelante, y mientras le besa el cuello, acerca su mano a la erección que tiene el hombre. La erección tiembla, palpita, como un órgano que tuviera vida propia. De a momentos, se puede creer que es así.

Con suavidad, para no lastimarlo, lo cubre por completo con su mano y la hace bajar, luego subir lentamente, luego volver a bajar.

—Relájate —le vuelve a decir— y déjame llevarte a donde nunca me han llevado.

—A donde solo me puedes llevar tú —le responde él, con una enorme sonrisa en el rostro.

Andrómaca en la bañera

Unos instantes han pasado. Ella salió del jacuzzi, buscando al muy necesario, y luego vuelve.

La rubia Escort en Málaga se para frente a él, mostrándole su centro en todo su esplendor. El hombre de pelo negro y corto babea. Tomándola por las nalgas, la atrae un poco hasta sí, y empieza a chuparle el coño entre los gemidos de ella, hasta que se sacia.

Ella le hace señas para que se levante y él la obedece. Una vez de pie, con una toalla los seca, se inclina, lo chupa y le coloca el preservativo. Una vez que está listo, él se vuelve a acostar en el jacuzzi, y ella, sin perder tiempo, se ensarta en esa lanza puntiaguda.

Tomándolo por los hombros y con los músculos de sus fuertes piernas, sube y baja, besándolo, devorándole la boca y saboreándose a si misma en la boca del hombre.

—Llévame a donde quiero ir —le dice él entre gemidos.

El ritmo se acelera, y el agua caliente parece hervir fruto del calor que producen los dos cuerpos. Sonidos de chapoteos colman en lugar y los gritos de ella se hacen más notorios cuando la lanza empieza a latir. De ella emana el néctar de la vida.

Cuando se corre, lo besa apasionadamente. Él disfruta enormemente los labios de la chica. Tanto que cierra los ojos y se deja llevar.

A juzgar por el momento, y como se siente el hombre de pelo negro, cualquiera diría que no existe el mundo afuera de las cuatro paredes. Algo de razón tendrían.

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